Sin Querer
Solo caminaba por la vereda oriente de la Alameda camino al instituto, cuando note que una pequeña joven de contextura media, caminaba casi al mismo paso veloz que yo. Sin cruzar palabra comenzamos a competir por quien caminaba más rápido, hasta que llegamos a Ejercito. –Dejemos lo en un empate. Dije tratando de parecer simpático-¡No te gane! Exclamo en forma coqueta y sonriendo, dejando ver una sonrisa que era vitrina de unos hermosos ojos obscuros con matices cafés.
Ese momento fue eterno, solo nos miramos, esperando que el otro dijese algo o simplemente hiciera un gesto, creo que ambos olvidamos lo retasados que estábamos.
Aquel día ninguno asistió a clases, solo comenzamos a caminar uno junto al otro y hablamos del clima y de otras tonteras de las que solemos hablar cuando no tenemos de que hablar. Dijo que le gustaba el patinaje artístico, pero que no lo practicaba. Me hablo de Ángeles y hadas. A lo que yo, hombre de ciencia y teoremas no acostumbraba a oír, ni mucho menos hablar.
Luego de un rato, en un acto de cobarde valentía, tome su mano (¡no se por que!) en forma tímida y ella la sujeto con firmeza, fue como si por medio de ellas algo dentro de nosotros se uniera.
Seguimos caminando hasta que me detuve y la bese (fue repentino). Ella dejo a entrever su inocente inexperiencia, lo que hasta en cierta manera me tranquilizo. -¿Por qué hiciste eso? Pregunto. -¿Hiciste? Hicimos querrás decir. Asenté sonriendo. Mi estomago, parecía una centrifuga, de tantas vueltas que daba. Me miro y solo sonrió. Al ya haber caminado mucho nos sentamos. Yo quite el bolso de su hombro y lo deje en la banca, la tome por la cintura, ella rodeo mi cuello con sus brazos, nos miramos y volvimos a besar, ya con más calma, por largo rato.
La verdad es que algo en ella me empezaba a aburrir, pero no quería dejarla. Porque lo que con ella había sentido y hecho, jamás lo había experimentado y me sentía bien junto a ella. Se nos hizo tarde y debíamos irnos. Simplemente se despidió, sin decir más, hizo un desprecio y solo se fue.
Ahora, después de un tiempo, nos hemos reencontrado, ya había dejado de pensar en ella y solo era lo que paso ayer, nada mas que un agradable recuerdo.
Afloraron las promesas, las miradas y los sueños. Otra vez las manos sudadas y este estomago que no deja de dar vueltas, nos besamos sin decir palabra, sin promesas, solo fue el momento en que todo al rededor se detuvo y entre ella y yo nada más existían un par de helados, sus manos tomando las mías, como si no quisiesen soltarme más. Minutos después otra despedida.
Vivimos momentos importantes juntos, nos apoyamos y aceptamos, luchamos, mentimos para estar juntos, bailamos y lo más importante caminamos. Porque no importa que seamos, siempre seremos nosotros, no importa donde estemos, siempre estaremos juntos.
Puedo decir que no la Amo y dejar de verla, dejar de pensar en ella o simplemente estar con otra, pero tarde o temprano nos reunimos y todo segué igual.
-¿Como te llamas? pregunte con cierta picardía, sonriendo y mirándola a los ojos.
-Andrea, contesto, otra vez sonriendo.
Sabes que eres Tú!

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